¿Y dónde está Roberto Calasso?

Trabajar en torno a la Feria de Libros más importante de habla hispana es tan grato como cansado. Si bien, pasar tanto tiempo al lado de grandes escritores representa un honor y charlas memorables, en ocasiones implica pasar unos días a salto de mata.

No olvidaría, por ejemplo, la sonrisa pícara de Roberto Calasso el día que huyó de su rueda de prensa. Un italiano con sobrero de paja se acercó para darme dos besos y poner en mis manos un sobre con fotografías.

–Me voy a Vallarta—

–Pero Roberto, la prensa te espera—

–Entrega estas fotos al corresponsal de El País… regreso en unos días—

–¡Roberto!—

Dos besos más –¡Ciao!– La coordinadora de invitados quería sacarle los ojos a alguien por haberlo dejado ir, pero todos corrimos a tiempo. Ella temía que Calasso no llegara para la conferencia magistral que se había programado. Hubo qué asegurarse que un representante de la editorial Sexto piso (en ese entonces el director era Luis Alberto Ayala Blanco), le acompañara para hacerlo volver a tiempo.

***

Un comando de editores y escritores catalanes y mexicanos salió de la Expo en busca de otro lugar para continuar la tertulia literaria que fue imposible terminar en los 50 minutos que se limitó su presentación. El lugar elegido fue un bar de nombre El Gato Verde. Juan Villoro, Jorge Herralde, Jaume Vallcorba, Enrique Vila-Matas, Sergio González Rodríguez, Rosa Esther Juárez, Rossana Reguillo, Guadalupe Nettel y una servidora acompañada de Emilio Chapela, ambos en papel de cuidadores más que de compañeros de juerga. Había qué vigilar que todos llegaran bien y no tan desvelados para poder continuar con sus compromisos en la FIL al día siguiente. Al terminar la noche, todos subimos al auto de Chapela menos los dos editores catalanes que al no encontrar acomodo se fueron con la prestigiada socióloga que nos acompañaba, al parecer emparentada con Fitipaldi por su forma de conducir. Villoro, sin apenas conocer a Chapela, le dijo ¡Siga a ese coche! Que ahí vienen nuestro editor y tenemos qué cuidarlo. ¿Y por qué no se va usted en el otro coche para cuidarlo, señor? Porque… no conozco bien a la conductora… pero sígalos, que nuestros próximos libros dependen de cómo llegue ese coche a su hotel.

Después de un peligroso zigzagueo, todos resultamos ilesos,  aunque no de la resaca.

***

Otro italiano, en otro año, llegó con juvenil desenfado a la FIL: Alessandro Baricco. Tan desenfadado que a pesar de la cantidad de gente que lo seguía para pedirle una firma, no necesitó de guardaespaldas y en su opinión, tampoco demasiada prensa. En cambio se quedó en la memoria del público ofreciendo una nueva forma de leer un clásico: “En un pueblo vive Menelao, casado con la mujer más bella del mundo: Jennifer López. Un día llega un príncipe oriental hermoso, Orlando Bloom. Menelao, como es feo, se siente menos y se va. Cuando regresa, su mujer y el príncipe ya no están, así que le hace la guerra a Troya”. Después de hacer aplaudir a rabiar a un público de más de trescientas personas, Alessandro me hizo sentir la madre abochornada por el hijo descortés, al rechazar la invitación a una cena de los organizadores de la feria.

–Mr. Baricco! That was amazing! I want to invite you to a dinner this night, with our director and organizers, don’t worry I’ts a petit comite

–Thanks but I have a compromise with the  publisher house isn’t it?—Alessandro volteó a verme y yo dije “yes, YES, of course” y continuó –where is the dinner?—

Yo no entendía muy bien su pronunciación del inglés en ocasiones como ésta que escuchaba “dina” en lugar de “dinner” y lo miraba como tonta hasta que hizo el además de comer y la representante de la FIL nos miraba curiosa “ah, si, la cena… pues es en el restaurante…” En realidad, nosotros teníasmo una cena muy sencilla, y probablemente venía mucho mejor para él haber ido con los organizadores de la FIL pero simplemente no quiso y yo, no sólo te vuve qué seguir el juego sino INVITARLO a nuestra cena sencilla.

 

Sin nada qué hacer ante su decisión inamovible, Alessandro y yo salimos a a fumar un cigarro y a charlar, sentados en una banqueta, mientras el grupo de guardaespaldas pasaba junto a nosotros cuidando la integridad de Jordi Rosado.

***

Finalmente, el día que se esperaba a Roberto Calasso, el caballero italiano regresó de Vallarta con el sombrero de paja en la mano. Custodiado por todos los elementos de Sexto piso, que desde entonces fueron bautizados como Los mariachis de Calasso, fue conducido hasta la sala donde daría su conferencia magistral. Tomó el micrófono y alejó el posible rencor que se le guardara por haber huido de la prensa, cuyos titular del día siguiente fue “Roberto Calasso dio lecciones sobre edición”.

 

A nuestros editores, escritores y demás personajes que participan en la FIL, se les puede reprochar en ocasiones (y diría que no siempre) su indisciplina para apegarse a un itinerario, pero en general cumplen con quién deben cumplir: el lector, objetivo de la FIL y de todos nosotros. Las cenas y las canciones a toda garganta en el Gato Verde son un plus. 

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2 Respuestas a “¿Y dónde está Roberto Calasso?

  1. hey! me da gusto encontrar tu blog. ojalá y cuentes más cosas parecidas a estas “travesuras de autor”
    suerte!

  2. hola guapaaaaaaaaaaa, ya voy a ser lectora de tu blo’!!! cuídese Miss Anagrama jejeje (lo digo por el post)

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