Aquí no ha pasado nada

 

La mayoría de las personas que conozco y que saben en qué trabajo solamente miran el lado glamoroso: las comidas y las cenas con grandes escritores, los viajes, que te lleves de piquete de ombligo con periodistas importantes y los cocteles. Pues bien. Ese es apenas el 10% de lo que significa este trabajo, en el que me ha tocado lo mismo ir a recoger a un escritor al aeropuerto que amenazar dulcemente a un periodista para que omita ciertas verdades poco halagadoras que sabía (y con pruebas) de uno de mis invitados, y que opacarían con lujo de violencia el despliegue publicitario que llevaba semanas coordinando para que el mundo supiera que salía a la venta un libro.

 

El lío comienza unas semanas antes de que llegue el escritor. Suena el teléfono de mi oficina al mismo tiempo que el  celular. Contesto ambos y a uno le digo que espere un momento, porque las dos llamadas son importantes. Una es de la coordinadora de invitados Embajada de Francia y quiere saber si es necesario que nos envíen un traductor. La otra es del escritor y necesita que le cambie la hora a una entrevista para la televisión. Entra la telefonista y me dice que tengo otra llamada, es el director de una de las revistas culturales más importantes del país y quiere saber si tienen ellos la exclusiva de la visita de este escritor. Cuelgo con la chica de la embajada después de decir que sí necesitamos el traductor y entra la llamada del editor de otra revista de gran tiraje que quiere saber si le daré la exclusiva de la visita del mismo escritor. Hago como que hay interferencia y le pido que hablemos después. A la telefonista le digo que le diga al otro señor que estoy en una junta y al escritor le digo que si no llega a tiempo vamos a perder un impacto de millones de personas mirando la televisión. Cuelgo todo. Me voy al baño. Respira hondo, todo está bajo control. Luego salgo del baño y veo a mi jefe por el pasillo y me intercepta antes de que entre de nuevo a mi oficina para presentarme a un editor catalán que nos visita y que comenzará a distribuir sus libros a través de la empresa para la que trabajo. Sonrío y saludo con dos besos, que aquí no ha pasado nada.

 

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