Fin de año

2009 pintaba difícil. Noticias alarmistas, despidos, cierre de empresas y recorte de presupuesto. Todo se cumplió, pero tardó alrededor de nueve meses en ser notorio a ese nivel de alarido que se anunció al principio.

Los viajes no parecían una opción, a no ser que contaran los desplazamientos que pudiera hacer en metro o en un taxi que no cobrara más de 50 pesos. Sin embargo, comencé el mismo mes de ENERO en un avión rumbo a Monterrey, para la presentación de Casi nunca, con Daniel Sada.

FEBRERO, sin avión pero en una cómoda camioneta a Puebla, que a pesar de la cercanía ¡no conocía! También con Sada, también con Casi nunca. Por ahí encontré una marisquería de nombre “La concha dorada” que a Pedro Mairal le hizo mucha gracia. Compré dulces que después enmohecieron en mi alacena y conocí la impactante librería Profética.

MARZO ¡Caray! Pues al Salon Du Livre de París, gracias a Serch. Once años después volví a la tierra de la champaña de a devis. Curioso: va una tan lejos a encontrarse con los de siempre como si estuviera en la Condesa. Maravilloso, he de decir. Museos que no había visto antes, sopa de cebolla frente al Sena y después el recorrido en los típicos bateaux – mouche. Tourista hasta la médula, ya sé. Compré un par de libros en francés que espero me hagan cumplir la promesa de anotarme a unas clases de esa lengua romance. Y ya encarrerada, continué el viaje a Madrid, para presentar El hombre sin cabeza en Casa América, y a Barcelona por el delicioso gusto de estar allá.

JUNIO Hubo un viaje inesperado a Culiacán. Cargué con 100 libros en la maleta y me recibió un anfitrión de lujo: Élmer Mendoza. Nunca olvidaré El gallo II, seguro que el I es una maravilla. Élmer y Sada me llevaron a comer el callo de hacha más bueno que haya probado jamás. En el mismo mes tocó ir León Guanajuato, para cumplir el ritual de la FeNal con la querida Cris y su inseparable Daniela. Presentamos allá la antología de cuento latinoamericano con Alejandro Zambra a quien no le perdono aún que no le gusten los cuentos. Dice lo contrario. Regresé a DF a celebrar mi cumpleaños en el Covadonga, donde por extrañas circunstancias se vio mezclado Leonardo De Lozanne, y volví a viajar a León, a seguir celebrándolo con la aún embarazada Rocío Cerón. Como parte de nuestra fiesta, inauguramos una mini galería de arte japonés en un restaurante de sushi. Mucho glamour.

JULIO, el inicio del maratón de ferias de libros: primero, y tres veces en una semana, Pachuca, con sus calores veraniegos y sus fríos polares en un solo día. Y luego Teotihuacán con el demonio de Neuman, la loca de Moramay y la luciférica Lucirene. No fue un viaje largo pero siempre resulta cansado hacer al valiente y subir la pirámide del sol.

AGOSTO, un viaje cortito a Guadalajara, para medir el terreno que pisaría en los días de FIL. Todo parece indicar que el restaurante de moda es La Dolce Vita porque fui invitada a comer y a cenar al mismo lugar por diferentes personas. Luego de los deberes aproveché para estar con los amigos reversos, siempre cálidos y siempre divertidos. Me presentaron la mezcalería “Pare de sufrir” y me dieron ganas de rezar. En sus términos, claro.

El final de agosto me tocó otro viaje a Monterrey con Mr. Herralde del brazo. Ahí comenzamos los actos celebratorios del 40 aniversario de Anagrama. Comimos atropellado, cabrito y dulces indigestamente sabrosos. Tequila y cerveza de la buena, la que da alegría.

SEPTIEMBRE me sorprendió con otro viaje no esperado: la fiesta del 40 aniversario de Anagrama en Barcelona. Pura vida. Mucha pompa. Londres de pasada ¿Las tarjetas de crédito? A reventar…

OCTUBRE Al regreso de Barcelona, energía o no, directo a la Feria del Libro de Monterrey, con Guadalupe Nettel y Lorenzo, con Tryno, Tumbones y Textofilios, ¡ya soy hija putativa de Monterrey!

Un descanso de dos semanitas y ni un día más, para abordar el vuelo a Oaxaca, con Leonardo Da Jandra de compañero. Una feria que merece su aparte. La fiesta de los libros al estilo oaxaqueño. Gracias DJ Lú y Su Jerry, por la locura. Su Ari, Su Vania, Su Guille, SU ALMADÍA. Y por supuesto, SU PIERDEALMAS. Hasta Jon Lee Anderson acabó recibiendo el bautizo de SU JON.

Y para cerrar con un broche de oro con diamantes y rubíes de los que usa el maharajá de Pocajú, la mismísima Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Ámonos. Qué revolcón: coctel de 40 años, 23 escritores en escena, bailes, cocteles, cenas, regaños, abrazos, felicitaciones, mucho de todo.

Algunas semanas después, aquella que sobrevivió escribe acá unas letras.

He de decir que termino el 2009 con más ganas de cama y menos de champaña burbujeante para despedir el año. Mi navidad y mi noche vieja fueron en la FIL Guadalajara. La cena del 24 es la que organiza el Fondo de Cultura Económica y mi fiesta de año nuevo el baile del Veracruz. Lo que queda de mi hace un intercambio cursi y entrañable de chones rojos con los amigos, deseándonos de esa manera un año sexualmente activo y sanamente divertido, que en realidad es un pretexto para ponernos una borrachera de antología que nos permita sonreír cuando regresemos a la oficina con la resaca a cuestas.

Mentira. No me quedaría en casa a hacer calceta ni aunque me pagaran en euros. Ya estoy equipada con Pierdealmas y Herradura. Con una reserva de energía que no sé de dónde salió ¿Hay qué temer al 2010? Yo le digo al 2010 que se agarre de donde pueda.

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Una respuesta a “Fin de año

  1. que bueno es tener nuevamente tus relatos…
    ahi estaremos para terminar el año…
    y como dices…
    que se agarre el 2010 AMIGA MIA

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