Mujer en el risco

Nico me dijo hace tiempo que un día me iba a invitar a “Mujeres en el Risco” pero imaginé que se había enterado de mis pésimas colaboraciones en Canal 22, donde hacía unas cápsulas sobre librerías con Vivian Abenshushan (mucho más articulada que yo) y había decidido no convocarme. Parece que no se enteró. Recibí una invitación a través de Claudia a la que no pude resistirme.

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Me indicaron por correo electrónico el lugar donde se grabaría el programa. Que debía llevar dos cambios de ropa y estar disponible de esta hora a aquella. Yo respondía de inmediato, encantada de aparecer en ese programa, contestando a todo que si. Al día siguiente recibí otro mensaje. El título ponía “urgente”. Ya. Descubrieron que soy pésima. Seguro que sí vieron las cápsulas del Canal 22 y me van a decir “gracias pero NO gracias”, que todo fue un error. Solo era para informar del cambio de locación y darnos material para estudiar los temas de los programas. ¿Los programas? Si. Me invitaron a grabar más de uno.

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Llegó el momento de la verdad y yo estaba extrañamente serena. Otra vez, como en mis mejores tiempos, me aventaba a todo sin temor a la vergüenza. Hice mi entrada poco triunfal (me tropecé con una alfombra) media hora antes de lo acordado, con mi bolsita de ropa, dos cambios, dos pares de zapatos, hartos accesorios como me dijo Kelly, y una sonrisita boba. Los camarógrafos me vieron y como si nadie hubiera pasado. Cuando me puse en manos de la maquillista no sabía qué pedir. ¿Cómo te gustaría que te maquillara los ojos? Como tú quieras, respondí, parecía que se trataba de  satisfacerla a ella, al menos en mi cabeza. No debí. Acabé como putón verbenero. Ahora si, los camarógrafos voltearon la cara para mirarme. Vamos, hasta foto con el celular me pidieron y me gustó menos que cuando no me hacían el más pequeño caso.

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El primer programa fue sobre el cerebro. Yo estudié sobre el cerebro humano y luego resultó que era acerca de animales pero salí avante. El segundo en cambio fue en torno a las recientes elecciones. Tenía dos expertas al lado que además de no dejarme hablar, tenían importantes cosas qué decir. Me vi en el monitor con el ceño fruncido y los cachetes rojos por tanta luz de reflector.  Tienes qué hablar más, dijo Tere y atiné a hacer una pregunta obvia. Caray. Ya no me van a llamar. Terminó todo y subí a recoger mis cositas, a ponerme los zapatos cómodos y salir antes de que la lluvia me alcanzara a mi y yo no alcanzara ningún taxi.

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Ya en casa, toda mojada porque a pesar de haber conseguido un taxi no traía paraguas y cinco pasos fuera del coche equivalían a una ducha abierta al máximo sobre mi cabeza, saludé a los vecinos que llueva o no, fuman en la entrada del edificio.

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Una semana después, bajé a la tienda a comprar leche para el desayuno, sin más glamour que mis crocs blancos y el pelo desgreñado. El vecino esperaba a su novio en la puerta y me saludó alegremente “la vi anoche en la tele, ¡qué bien salió!”  dijo. Yo le respondí con una sonrisa timidona que era el último programa que grababa pero agradecí el comentario. Y no fue así. Subí a revisar mi correo electrónico y tenía un llamado para la siguiente semana. Dos cambios de ropa, por favor.  Yei!

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2 Respuestas a “Mujer en el risco

  1. yo tambien te vi…

  2. Hola. Deseo expresarte mis saludos y mi respeto. Casi ya no existe la tv para mí, pero faltaba más, qué bueno k saliste y k bueno k ya murió esa farragosa lista de correos. Un abrazo afectuoso desde hot waters.

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