A veces angustia

A veces me pongo así. Por la noches una angustia inexplicable. Me despierto como en los tiempos en que bebía calvados con S y pienso que el corazón se me va a salir del pecho con tanto brinco. Subo a un taxi y voy pensando en las diez formas fáciles de que suceda una desgracia: que el auto delante de nosotros frene sin encender el aviso y nos estrellemos contra él. Que mi chofer pierda el control del coche y vayamos directo al precipicio desde el segundo piso del distribuidor vial. Que un camión que carga pesadas y largas barras de metal delante del coche frene y las barras penetren por el parabrisas, degüellen al chofer o a mi o a los dos. Que alguna persona se violente con el chofer por no darle el paso, se baje y la emprenda contra el parabrisas y luego contra nosotros. Que el coche de atrás nos golpee fuertemente. Que un tráiler inmenso que va al lado nuestro se voltee y caiga encima de nosotros. Que caiga un helicóptero (hoy en día no es descabellado que suceda) y aplaste el coche en que viajamos. Que alguien abra la puerta del coche y se suba y se trate de un ladrón con pistola. Que el chofer no pueda detenerse ante el cruce imprudente de un peatón y lo atropelle ante mis ojos. Que yo baje la ventanilla para tomar aire y alguien meta sus manos para llevarse mi bolso. Que el chofer sea el maleante que no esperaba enfrentar y saque de pronto una pistola para obligarme a entregarle mis pertenencias y algo más.

Y cuando bajo del coche, la nueva desgracia en mi cabeza es que llegaré a casa y habrán entrado de nuevo a robar, que mi puerta estará hecha pedazos porque un ladrón loco la destrozó con un hacha y se metió para llevarse mi computadora que aún no se ha terminado de pagar, la de F, a pesar de estar encadenada al escritorio, mis cámaras, mis plumas. Pero llego y no ha sucedido nada. Mi casa está bien, mis pertenencias completas. Me alegro, pero la sensación de vacío no se va.

No pasa nada y entonces el silencio empieza a hacerse pesado, así que enciendo la televisión, que no veo pero hace compañía. Recojo algunas prendas de ropa tiradas, miro qué hay para cenar y no hay desgracias en el refrigerador. No hay desgracias bajo la ropa ni tampoco las encuentro en el baño. Qué bien, se terminó el repertorio de malos pensamientos. Ahora voy a ver Seinfeld.

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Una respuesta a “A veces angustia

  1. La angustia es una de las sensaciones más horriblesque conozco. Y sin embargo te ataca cuando menos te lo esperas, cuando más abajo tienes la guardia. Pero hay que conservar la fe, las cosas siempre pueden ir a mejor.
    T mando un grn abrazo amiga

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