Maldito frizz

No encuentro el cable que conecta mi cámara digital con la computadora, de manera que lo que voy a relatar es imposible de ilustrar salvo a través de mis palabras. K. y yo nos dirigíamos a buscar una cafetería recomendada por su especialidad: la chocotorta. El híbrido lingüístico me desagradó y le pedí a K. que no volviera a decir esa palabra en mi presencia, odiosa como soy. Lo cambiamos entonces por pastel de chocolate. Andando pues, por el barrio de Palermo, en Buenos Aires, yo fotografiaba diversos locales con nombres ingeniosos como “Te mataré Ramírez”, que es un restaurante de comida afrodisíaca, “Palito bombón, vestíte”, una tienda de ropa, o “Crack up” una librería que por fuera parece tienda de dulces, “No me dejes colgada” tienda de bolsos, etcétera. Un letrero más llamó mi atención: “Maldito frizz”. Se trataba de una peluquería. Mi astigmatismo impidió que pudiera enfocar lo escrito en una especie de cédula color amarillo al lado de dicho letrero, pero por curiosidad crucé la calle para leerlo de cerca: “En este solario pasó su infancia Jorge Luis Borges en los años…”. Muy bien. Los astigmáticos y miopes siempre veremos el letrero del Maldito frizz a lo lejos y probablemente entremos a que nos recorten el fleco o nos hagan un peinado, pero sólo los curiosos sabrán que el grandísimo Borges creció ahí. Pronto, cuando encuentre el maldito cable, subiré la frizz foto.

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